




Cuando se estrenó la película y la prensa quiso preguntar la opinión de críticos y conocedores de cine, estos uyeron, como diciendo: "no me pidas que opine, por favor." Gesto significativo: o hay una falta total de crítica en el ambiente cinéfilo de Bolivia o este gesto es, justamente, la crítica más despiadad y que se merece Evo pueblo. Puede ser que haya algo de lo primero, pero me inclino más a creer que lo segundo es más cercano a la realidad.Todos los santos, fiesta que se celebra el dos de noviembre en Bolivia, es una herencia en gran medida de esta tradición andina mezclada con rasgos de la religión católica. EL primero de noviembre se prepara una mesa (mastaku) llena de tantawawas (niñas de pan) y comida y bebida para las almas de los difuntos que llegan a medio día. Durante toda la noche reciben visitas de familiares o amigos que rezan o cantan. Al siguiente día, también a medio día se levanta la mesa y el difunto vuelve al mundo de los muertos (o cielo, según los católicos).
Pobladoras de Tiataco (un pueblito en el occidente del departamento de Cochabamba) bebiendo chicha
Es verdad que el mundo andino de hoy ya no es más el mundo andino de hace cinco siglos. Occidente se ha filtrado en él. En esa medida es muy posible que muchos andinos hayan empezado a vivir la angustia, vivan también tratando de espantar a la muerte a como de lugar, de no pensar en ella, de negarla, de olvidarla. Es que pensar la muerte desde occidente es angustioso: después de ella no hay nada. Pero queda aún un resquicio a través del cual los muertos pueden pasar a este mundo y, a pesar del pavor que genera lo sagrado, los vivos puedan mirales a los ojos. Ese resquicio es Todos los santos. Mientras dure, vale la pena bailar y comer y beber con los muertos.